viernes, 29 de mayo de 2009

Busto


La cabellera obscura y enredada de mi amado,
asemeja el nido de un zorzal delicado,
la cabeza prominente y acartonada 
acaba en la frente de piel anaranjada,
sus profundos ojos son cafés y mezquinos
con el iris amarilla calcando los de un felino.
los labios en los que me desvanezco 
exhalan siempre un vaho fresco.
El cuello le nace con tal mesura de la espalda,
como una estatuía de porcelana sobre una balda.


lunes, 18 de mayo de 2009

En casa de Lucía se agotan las excusas.

En casa de Lucía brota una flor,
de la asentada tierra casi llana.
Se encuentra Lucía viendo al ventanal,
codiciando esa sensación de melancolía,
hay paz en casa,
no falta nada,
ni Lucía.

Ausentase esa noche,
vigilando el sueño de algún mortal, 
y empapándose con luz de luna,
a la intemperie.

La vedada angustia
permitió un sueño ligero.
El esbozo de el romance cegaba
a Lucía cegaba.

Quien es un ciego entonces,
con manos necias y oídos tenientes.
No se aspira ni el vaho,
del reflejo inexistente.

martes, 5 de mayo de 2009

rechinido sobre vidrio

La brisa aceleró sobre mi espalda esa noche, apenas podía correr entre tanta lluvia. Tu estabas adentro de un automóvil.
Toqué mi mano contra el parabrisas, abriste la puerta, me deslicé al asiento, mis lágrimas se mezclaban con el agua que se precipitaba en contra de mi cabeza y caía hasta mis mejillas.
Encendiste un cigarrillo, yo, ya me había devorado una botella de whisky en casa, me sentía abrumada, sabía que acabaría todo pronto.
El limpia vidrios rechinaba, tu olías a cigarrillo, 
siempre había sido complicado entre nosotros,
siempre habían palabras al aire, y sentimientos perdidos,
como lloraré, 
como lloraré,
como extrañaré tenerte al lado, atormentándome,
siguiéndome los pasos, 
como extrañaré nuestros engaños,
como extrañaré lo que siempre quisimos ser y nunca fuimos.  

lunes, 4 de mayo de 2009

segundo día



Entre brebajes y bruma me negaste un beso, 
yo te vi, de reojo, de lamento suspiré a ti, ileso.
Besé tus manos, levanté la cabeza y me rendí
 a ti, 
tu cruel entre tanto apetito preferiste callar, de golpe morí.
Con la casta de morena piel, la altura de un roble fuerte,
y el encrespado cabello como un nido de bermellón seco, inerte,
asemeja tu aroma la brisa de otoño, cruel, seductor, 
lacerante e insufrible, engatusa el vulnerable corazón.
En prisa desenvuelve la figura y despeina la cresta,
cae la rosa de pétalo en pétalo, de amor dispuesta.