domingo, 10 de abril de 2011

Atardecer.

La tarde se encerró en las manos de Lucía, 
desde la ventana amarilla hasta los zapatos De la Renta, 
todo tenía un tono nostálgico ese día.
¿Quién juega en domigo?

Podría jurar cosas que hasta ella creería, 
Señor Destino, Lucía quiere leerle las manos.
El atardecer se ve mejor detrás de unos lentes oscuros, 
o fuera de casa.

Lucía no tomó su medicina ese día, 
ni el día anterior, ni el anterior a ese.
Esa tarde de domingo, 
la puerta estaba demasiado abierta.






4 comentarios:

Anónimo dijo...

“Pienso con frecuencia en esta imagen que sólo yo sigo viendo y de la que nunca he hablado…La historia de mi vida no existe. Nunca hay centro, ni camino, ni línea donde se insinúa que alguien hubo, no es cierto, no hubo nadie… Muy pronto en mi vida fue demasiado tarde”. Margherite Duras. El amante.

Amar o no amar (suficiente):
¿esa es la cuestión? http://www.youtube.com/watch?v=k3Fa4lOQfbA&feature=related

Pablo Hernández M. dijo...

wow! buenísimo!

marré dijo...

¡Que buen texto!

Anónimo dijo...

esa puerta abierta:"No puedes salvar a las personas, sólo puedes amarlas" (Anais Nin)