martes 10 de noviembre de 2009

Cantina

La mujer salió de el bar esperando a que se le cayera la falda.
No había nada debajo, 
solo un poco de pudor inventado y la moral que había conocido cuándo le dio culpabilidad al perder la virginidad a los quince años.
Cuándo vio la silueta de su hija esperándola en la esquina se acomodó el brassiere y comenzó un intento de caminar derecho, 
su hija, 
su hijita de doce años la esperaba con un mantel para limpiarle el licor que se había derramado durante la noche.
No era más que el ilusorio que estaba durante su juventud.

Hoy

La tarde se nublaba cada vez más, 
y cada vez estaba más feliz.
Hoy no quería ligar, 
hoy quería gozar.

lunes 9 de noviembre de 2009

Esa tarde me encerré en mis pensamientos de nuevo, 
que desastre he hecho.
No podía ni siquiera verme al espejo, 
solo veía mis zapatos de tacón de charol, 
mi cigarrillo en la mano, 
la tela suelta que caía desde mi cuello, 
el desdén de mis palabras tan elaboradas, 
los sentimientos que me tragaba de a poco, 
la sensación de vacío en mi estómago.

Los recuerdos parecían cada vez más cercanos, 
tu cara y tu aliento de nuevo, 
tus manos temblorosas, 
mis ojos cerrándose de a poco.

Ahora no eres más que unas palabras y un recuerdo cada vez más intenso.



jueves 5 de noviembre de 2009

Infidelidad.

La negación me había hecho más vulnerable, 
sin embargo sostenía aún mi argumento.
Era irremediablemente difícil tenerte tan cerca, 
y trágicamente impotente.

miércoles 4 de noviembre de 2009

Oficina día 1.

El doble click ya no funciona, 
Pablo ya no trae bigote.
Bien, 
hacé así, 
hacé así.
(silvido).
Miren, la luz está prendida.
Esa la dejaron ayer en el balcón.
Así se prende esa luz?.
Esa se enciende con ese mismo sistema.
Se sigue moviendo?
Sí, un montón uhhhhh.....
Me hacés sombra?.
Ps, a vos?.
Luz.
Perame.
Por qué tiene este cinco en rojo?.
Ya solo te caben cinco imágenes, seis...
Ijhh!, borraron las fotos de acá muchá?.
(Silvido).
Donde comenzamos?.
Acá.
Ya mero vamos a cerrar la guelta. 
La qué?!
La vuelta.
Mirá el chino como si le estuviera rezando a las pelotas.
Mjm.
Jaja.
Ahí, ahí.
Mucho mucho.
Mira, ahora si se está moviendo bastante.
No, gíralo pero yo lo sostengo.
Mirá
Mirá qué?, si no lo has dejado que avance.
Ya me hago pipí.
Vé, hacelo, te vas a enfermar de los riñones.
No
Edna
Pérame.
mira donde puso el otro arreglo...
...en el baño.
ay el jefe, no le gusto 
luzzzzzzzzzz
pérame 
luuzzzzzzzz
Hoy es un buen día para el amor, mirá el calendario.



jueves 15 de octubre de 2009

Lucía, Lucía.

Lucía, con ese nombre estaba condenada desde su nacimiento,
cosa que no era mala necesariamente.
Esa tarde Lucía se encontró a ella misma empolvándose el pecho y hablando con su amigo por teléfono; una voz chillona y de tono malcriado salía del altavoz, la invitaba a tomar vino a algún bar del centro.
Lucía tomó uno de los frascos de perfume que guardaba en su gaveta y lo roció en su cuello, tomó un poco entre sus dedos y lo puso detrás de su oreja derecha, otro poco entre sus senos, y lo último que tenía en la mano lo puso en su labio superior. Escogió entre su plétora de vestimentas una blusa negra con encaje, una bermuda gris Prada y unos tacones altísimos de diseñador.
Lucía era de aspecto extraño, ojos grandes y redondos, labios brillantes y pálidos como su cara, pero siempre bien ocultos bajo algún pintaboca de fuerte color, pelo largo y obscuro, ligeramente rizado, nariz exagerada con la punta ligeramente respingada, hombros frágiles, espalda delgada, expresión entristecida y atenta, piernas labradas y magras que le gustaba mostrar, su voz era un poco grave y con una insinuación formal, su cuello era estirado y débil, su porte enfermo, su ropa era siempre floja y sus pies cubiertos con infaltables zapatos altos, no le gustaba usar sujetador, sus pechos eran pequeños y aguzados, como sus brazos que siempre terminaban en un cigarrillo.
Esa noche Lucía entró al bar donde la esperaría su mimado amigo, encontró caras familiares, algunas le gustaban, algunas les disgustaban, unos ex amigos, unos ex amantes, unos desconocidos,  ninguno de ellos era su cita; él estaba retrasado, al darse cuenta de eso, Lucía hizo un gesto de molestia y pidió un Jack Daniels en las rocas, se lo bebió casi de un solo y se recordó nostálgicamente de la vez en que conoció a su primer amor, tenía diez y seis años, bebía whisky en las rocas y buscaba ingenuos temas de conversación para poder cautivarle, él al tanto de eso se dejaba engatusar a pesar de ser casi veinte años mayor que ella.
Por supuesto, el idilio no duró más que un par de meses, eso le dejó a Lucía un sabor agrio en la boca, un corazón frívolo y una serie de inquietudes, sobretodo humanísticas, no fuera quién es de no ser por ese cruel amante de el pasado inmediato.
El amigo de Lucía entró al bar, al descubrirla sola y encorvada le besó la espalda, Lucía se volteó de un golpe y lo abrazó con fuerza, él era el único hombre al que en verdad entendía y amaba, y con él pasaba lo mismo, siendo homosexual amaba tanto a Lucía como a él mismo.
Bebieron y rieron con fuerza, hicieron bromas sobre los europeos y se burlaron de las feministas, hablaron de las posibilidades familiares de una soledad decadente, negociaron el último bocado y se besaron las manos. Todo lo usual, porque así lo preferían.
Lucía era hermética, aún así con un aire popular, todos conocían su cara y la identificaban, ella había sido en menos de dos décadas el principio de una trama y un predecible final, ambivalente entre una trama de resolución, y una de rev(b)elación. 
Lucía tomó entre su mano la copa y con el meñique sacó la última gota de vino, la saboreó y luego sin voltear tomó su bolso y salió de el sitio. Quería huir, estaba agotada, su amigo la siguió y pagó la cuenta. 
Fueron hasta el apartamento de el amigo de Lucía, alejado del centro, más bien en la zona rosa de la ciudad, esos lugares en donde el agua cae dos veces más limpia.
Al entrar al lugar Lucía se descalzó, era un privilegio que solo su amigo conocía, nadie la veía sin altas calzas, después de acomodarse se metió a la tina mientras su amigo cocinaba un bocadillo gourmet.
El teléfono sonó, era el actual amante de Lucía, nadie contestó el móvil, solo se tambaleaba de un lado a otro con la vibración, ambos lo vieron pero nadie se animó a contestarlo.
A los tres minutos volvió a sonar, seguía siendo él.
Lucía contestó.
-Hola, que quieres?
-Nada, quería ver como estabas, con quién estás?, oigo eco, no estás afuera, ni en casa, tu casa tiene ventanales grandes, con quién estás?
-Estoy con mi amigo.
-Que amigo?
-Ese que tu conoces, el que te da celos enfermos a pesar de ser gay.
-Comiste ya?
-No.
-Mmmj.
-Eso es todo?, que pasa?, querías preguntarme algo ayer, qué es?.
-No, no pasa nada, te preguntaré cuándo te vea.
-Adiós.
-Espera, mira, por qué te desapareces niña?
-Ni me desaparezco ni soy niña, tu deberías de saberlo mejor que nadie ahora, tengo que colgar.
-Voy para allá. 
-No, no, hola, aló. Hola!, Aló!. Mierda!.
Lucía tiró el móvil, se puso los tacones, tomó una bolsa de la gaveta, guardó un cuchillo de la cocina, salió del apartamento y llamó al elevador.
Su amigo corrió tras ella, la tomó del brazo y se metió al elevador con ella.
Bajaron a la entrada principal, marcaron el código de seguridad y salieron, el pelo de Lucía goteaba.
El amante de Lucía llegó en su automóvil con su perfecta ropa de diseñador, tomó un libro y lo lanzó para el asiento trasero.
Lucía se acercó al automóvil, levantó la ceja y se palpó un hombro.
-Me gusta cuándo te acabas de duchar, estás de mejor humor, y el lunar de tu mejilla se ve más fresco.
Ni siquiera pudo acercar la mano a la cara de Lucía, ella tomó el cuchillo y se lo insertó entre el estómago y el corazón, su mano se ensangrentó.
El amigo de Lucía bajó las tres gradas corriendo y le preguntó, 
-Por qué lo hiciste?.
-Porque no podría haberle contestado su pregunta. Contestó Lucía.
 


sábado 10 de octubre de 2009

Tres para uno.

La mañana, 
de nuevo la mañana, 
son las veces en las que tienes tiempo de pensar aún, en lo que pasó los días anteriores. 
Esa mañana me acordé de tí mientras oía a Sabina, 
casi predecible.
Nunca quise que las cosas fuesen así, 
solo quería intrigarte un poco,
solo quería atenderme por una noche, 
solo quise huir de mi vida por una semana.
No lo logré, 
quizá en la próxima. 

    *
Mis entrañas me hicieron olvidar todo de a golpe, 
así son las cosas cuándo vas a este ritmo.
Me distraía las tardes con las banales personas de la zona, 
tomaba entre vasos, botellas y drogas.
Malas drogas.
Ahora ya pasaron unas horas si las cuentas con paciencia. 
Tu cabeza no tenía precio, 
sin embargo hacía ya meses que se me había acabado el crédito.

      *
Nunca quise encontrarte,
no bien,  llegaste con tu expresión austera
y con un trago en la mano.
Ahí estaba de nuevo, 
preguntándome que hacía ahí, 
sin futuro mas largo que esa noche, 
y sin consciencia más grande que la que me permitía saborear con cerveza.