lunes, 27 de diciembre de 2010

Dos para uno.

Despedida sentimental

Nunca entendí por completo la manera que tengo de hacer las cosas, pero esta vez llegó a mí, cómo una epifanía, jamás te amaría como ella, así que, respiro y reinicio.

Insistencia.

Estuve despierta hasta tarde, leyendo aquel libro rosa que me dio mi amiga, ese mismo que venía una foto como separador, el pasado en retratos. Entonces saqué esa foto, ajena y puse en él una fotografía tuya, estaba un poco dañada, hacía meses que no la revisaba, estaba entre una pila de basura. Página 202, “A lo mejor soy yo la culpable. Mis empachos mentales presagian un desastre que quizá no exista”. Leo. Paro de leer, suspiro y pienso en ti. Ya no me queda más que una fotografía tuya y la nostalgia de poseernos en el imaginario colectivo y en los rumores, de aquellos que nos vieron tomados de la mano desde el balcón. Las tardes de ocio, las promesas sin cumplir, las llamadas a media madrugada, los despertares, las cenas de seis platillos, y las caminatas matutinas. La sensación efímera del sentimiento. Mi vestido era negro y corto aquella noche, hacía calor. Hoy siento frío. Y sigues acá, de la manera más absurda.

2 comentarios:

Ana González Ewens dijo...

el empacho pasa rápido mi divina amiga....el deseo cuesta pero por fin pasa....

Jonathan dijo...

Amo este texto. Me suena tan conocido.